Este post viene atrasado porque anduve una semana descansando por las sierras cordobesas. Allí vi los dos partidos de esta Selección que sigue sin despertar nada del otro mundo por más que tenga jugadores que deslumbran en Europa. ¿Puede jugar mal un equipo que ponga a Messi, Higuaín, Pastore, Ricky Alvárez y Gago en la cancha? Sí, lo demostró de local ante Bolivia. Apenas un empate con demasiado gusto a derrota.
El rendimiento del primer tiempo en la visita a Colombia era más previsible. Sabella mostró nuevamente sus miedos. Un doble cinco exclusivo de marca con Mascherano-Braña. Le sumó a Guiñazú también para reforzar la pelea por el mediocampo. Apenas Sosa un poco más liberado, pero con responsabilidades. Y arriba que se la arreglen como puedan Messi y el Pipita. Obvio que pudieron poco en ese esquema temeroso.
Sin embargo, cuando la mano pintaba negra para Sabella y sus dirigidos, se rebeló Messi. Pachorra, jugado con la desventaja, le dio pista al Kun Aguero por Guiñazú. Ya era otro el ataque. Y Messi se pareció en algo al del Barcelona para armar las dos jugadas (una también la terminó) que dieron vuelta el resultado. ¿Alcanza con eso para cambiar la imagen? No, es puro maquillaje. A mí no me engañan.
Ahora resulta, para los eternos resultadistas, que hasta Desábato se pareció a Passarella cuando reemplazó al fracturado Burdisso. O que el Principito Sosa fue la reencarnación de Burruchaga en el complemento en Barranquilla. Que Braña y Mascherano se comieron la cancha. Vamos! Pareciera que nos creen tontos y que nos vamos a quedar con el final feliz de la película.
Argentina todavía no es un equipo. Sabella sigue confirmando que no tiene una idea madre. Los resultados en estas Eliminatorias dependerán del poderío de ataque (en especial, de Messi) y de las flaquezas de las defensas rivales. Con el triunfo en Colombia quizás se haya recuperado un poco el respeto. Los colombianos ahora saben que no se puede subestimar a un equipo que ataca con Messi, Higuaín y Aguero.
Para aquellos que buscamos en el fútbol algo más que un resultado, creo que cada vez nos gana más el escepticismo. No lo veo a Sabella con ánimos de cambiar y expresar una identidad de juego en cualquier cancha. Se trabaja dependiendo del rival. Y confiando en que tener al as de espadas (Messi) es suficiente para cuando la mano viene mal barajada. Parece mentira, pero será cierto nomás eso de que si queremos espectáculo vamos a tener que ir al teatro…

