¿Y por qué no invertimos la queja? ¿Por qué no le exigimos a la Selección que respalde con su juego a Messi en lugar de pedirle a Lio que la descosa siempre como en el Barcelona? Y además, la comparación debería ser con la Selección de España y no con el Barcelona, ya que se trabaja muy diferente en clubes que en seleccionados. Siempre tienen eso como excusa entrenadores y jugadores para justificarse cuando la mano viene mal. Entonces, antes de caerle al crack por su desteñida imagen ante Venezuela, reflexionemos un poco.
Argentina, desde que está Sabella, no se sabe a qué juega. Cambia de esquema según el rival. Con Batista, más allá de que era mejor escucharlo que ver al equipo, al menos había una intención clara de tenencia de balón con el triple cinco, Messi de centrodelantero para terminar las jugadas y dos punteros en Lavezzi-Di María. O hasta Tevez y Aguero cuando entraban, iban por las bandas. Ahora, por ejemplo, ¿de que juega Di María? Si nos guiamos ante Chile, es puntero izquierdo. Ante Venezuela, en cambio, fue doble cinco. Estos inventos suelen terminar mal para el jugador. Di María fue figura de local y jugó muy mal de visitante.
Hay una Selección europea que debería servir de imagen por su cambio de mentalidad. Yo crecí viendo a una España que la apodaban La Furia. Me acuerdo de su decepcionante nivel como anfitrión en el Mundial 82. Perdió con Honduras en la fase inicial y en la segunda ronda fue eliminada por Alemania. Era pura garra y escasa dosis de buen fútbol. En el 86 mejoró con la camada de Butragueño y Bélgica evitó que sea rival de Argentina en semifinales tras un 4-3 en un partidazo.
En los tres mundiales siguientes (90-94-98), apenas arañó otros cuartos de final ante Italia en USA. Ya era la etapa de Raúl, Luis Enrique, Hierro, etc. No era más la furia, pero tampoco favorito. A partir del 2002, ya era una posible sorpresa, pero chocaron ante Corea. Y al 2006 llegaron como candidatos: tenían a muchos del actual plantel y el Barcelona empezaba su ciclo histórico. La soberbia se los comió. “Vamos a jubilar a Zidane”, tituló Marca antes del choque en octavos con Francia. Y Zizou dio una clase magistral en el 3-1 que los mandó de regreso.
Lo notable de España fue que, pese a ese fracaso, acentuó el modelo del Barcelona. El que les inculcó como entrenador Cruyff en los noventa, que brilla ahora con Guardiola y que se juega así desde La Masía (las inferiores nuestras). Así, España llegó como candidato nuevamente al Mundial 2010, pero esta vez lo ratificó con el título y un estilo de juego detrás. El otro día ante Escocia, por las eliminatorias de la Eurocopa, sus jugadores hicieron 41 pases antes de un gol. O sea, el pase al compañero como religión. Como lo hacía la escuela holandesa de Cruyff, Neenskens y Gullit, la francesa de Platini, Giresse y Zidane, la brasileña -que le agregaba el desequilibrio individual de sus cracks- de Pelé, Zico y Falcao, o también la Argentina de Maradona, Redondo y Caniggia.
España entiende el juego. El Barcelona no sólo lo entiende, sino que lo lleva a su máximo explendor. Ayer, Messi e Iniesta hicieron una triple pared antes de un gol. ¿Con quién puede tirar Messi una triple pared en la Selección? Argentina necesita bucear en su pasado y recuperar el amor por el juego asociado. Dejar de lado la táctica en pos del rival o del resultado. Optar por jugadores con técnica, que por suerte, siguen saliendo desde abajo de nuestra tierra fértil en futbolistas. Intentar, si es necesario, esos 41 pases de España antes de llegar al gol. Algunos necios, enamorados del verticalismo sin pausa y sin pensar, lo suelen llamar fulbito.
Messi ayer brilló sin convertir. Les recomiendo, por si no lo vieron, una jugada increíble donde elude a tres rivales de diferentes maneras en una misma jugada (al primero le pasó la pelota por un lado y la buscó por el otro, al segundo le picó el balón magistralmente y al tercero lo dejó en el piso con un cambio de piernas sobre la línea de fondo) y luego su remate picándosela al arquero, dio en el poste. Para mí fue un golazo aunque la pelota no haya entrado. Aprovechemos de una vez que, por suerte, Messi juega para Argentina y no para España.

