Haciéndome eco del posteo de mi entrañable amigo Gabi (aprovecho para recomendarles el cuento de su autoría “Borghi y la revolución” que lo pueden conseguir en www.eloisacartonera.com.ar), quiero explicar porqué soy “messiánico” desde la primera hora.
Entiendo a aquellos que Messi no le despierta pasión porque no tiene carisma ni rebeldía fuera de la cancha. Ni tampoco ese aspecto épico que casi todos nuestros ídolos se han ganado con legítimo derecho.
Pero no es su culpa el no haber pisado el barro antes de sentarse en el trono. La vida en Barcelona le quitó ese tinte melodramático que tanto nos gusta a los argentinos. Por algo el tango nos representa en el mundo. Y ese es el mayor pecado en su beatificación de ídolo.
Que no canta el himno. Que no grita los goles con fervor. Que es políticamente correcto dentro y fuera de la cancha. Que no se agarra a trompadas. Que en la Selección no pide la pelota como en Barcelona (por favor, no repitan esta burrada porque si alguien los despoja de la pasión y les pasa un video de cómo juega Messi en el Barsa, donde hay 10 minutos que no la toca para luego sorprender, se van a sentir estúpidos). Todo un folclore barato que sirve para llenar 10 páginas de un diario u 4 horas de un programa que aborda los mismos temas que el programa que lo antecede.
A MI MESSI ME EMOCIONA. Y en su juego encuentro respuestas a tanta pasión por el fútbol. Porque yo era de los que pensaba que los genios de la redonda se habían terminado con el Diego. Que podían aparecer los Riquelme, los Francescoli, los Ronaldo, los Ronaldinho, los Zidane (estoy hablando de monstruos), pero nunca un fenómeno como Maradona.
Y no solo por las condiciones sobrenaturales del Diego, sino porque la histeria por el resultado y la preparación física, más la “malformación” de jugadores obsesionados con la táctica, no dejarían espacios para los artistas.
Y en medio de esa nostalgia por lo que fue y ya no es, aparece este petiso endemoniado. Con una zurda y una gambeta indescifrable. Con una condición física superior a la media. Con un desequilibro y una similitud con Diego que eriza la piel.
No recuerdo que un jugador destroce las críticas con tanta facilidad. Que no tiene gol; ahora le sobra. Que solo juega para él; ahora es el mayor asistidor de la liga española. Que juega solo contra el Getafe, ahora hace los goles decisivos en la champions, en el Bernabéu o en el Mundial de Clubes.
Y para no aburrirlos más con números y récords, reitero la admiración que me genera un fenómeno de apenas 23 años que sacó de mi baúl de los recuerdos esas imágenes maradionianas que había archivado para siempre. Alguien en España (no recuerdo quién) dijo sobre la comparación Messi-Ronaldo: “Noooo. Por un lado está Messi, y el resto, son jugadores de fútbol”.
