
Cuando Estados Unidos decidió llevar a los Juegos Olímpicos a equipos conformados con jugadores de NBA, todos los basquetbolistas del mundo deseaban enfrentar a los mágicos del Dream Team. El resultado quedaba en segundo plano y la motivación pasaba por una marca personal o conseguir la foto posando con Michael Jordan, Magic Johnson, Larry Bird, Scottie Pipen o Karl Malone.
Pasaron casi 20 años de aquellos Juegos Olímpicos Barcelona 92, en donde por primera vez en un deporte de equipos se permitió la admiración de los rivales. Y el destino eligió nuevamente la ciudad catalana para repetir el fenómeno. Pero ya no con los ídolos de la NBA, sino con un equipo de fútbol.
El Barcelona de Josep Guardiola y de Lionel Messi sigue haciendo historia y saca una luz de ventaja en la pelea por el título del mejor equipo de todos los tiempos. No solo lo avalan los títulos, sino los medios con los que persigue el fin: una propuesta ambiciosa y un fútbol de elite.
Porque ganar un título puede depender de varios factores. Los méritos propios, los errores ajenos, la diosa fortuna. Pero cuando el concepto no cambia. Cuando el discurso se legitima en el terreno de juego, no queda más que rendirse ante la evidencia.
La admiración que genera el equipo culé ha trascendido los colores baulgrana. Todos los estadios que reciben a Barcelona muestran un marco espectacular, independientemente de las chances del conjunto local. Hoy nadie quiere perderse al Dream Team del fútbol.
Más de 15 mil fanáticos, no solo de Barcelona, presencian cada entrenamiento que Pep dirige a puertas abiertas. Es tal la concurrencia, que el club decidió cobrar entrada para recaudar fondos y seguir invirtiendo en la Mesía. Es imposible conseguir un asiento en este Teatro de los sueños en el que se ha convertido el Nou Camp.
Un dato para destacar. El Nápoles de Ezequiel Lavezzi marcha segundo en la liga italiana. Sin embargo, el objetivo no es el scudetto. La meta es llegar a la Champions League 2012 y cruzarse con el equipo de Messi. “Pocho quiere llevar al Nápoles a la Liga de Campeones y poder jugar contra el Barcelona de Lionel”, reconoció el representante del ex jugador de San Lorenzo.
Lo que genera Barcelona también se resume en la recordada reacción de los jugadores del Shakhtar durante el sorteo de Cuartos de final de Champions. Sus gestos de resignación y risas fueron un presagio de la goleada sufrida en Catalunya y derrota decorosa en Ucrania.
El miércoles en el Bernabéu, Barcelona dio otra muestra de su poderío. Y por si fuera necesario, lo hizo ante el Real Madrid de los millones. Y fue en una semifinal de Champions. Y con Lionel Messi, la estrella del equipo, brillando como siempre. Como lo hacía Jordan. Como lo hacía Magic.
Todo tiempo pasado es mejor, reza el clamor popular. Pero el Barcelona de Pep rompe con este mito. Se reconoce a la Naranja Mecánica o el Ajax de Cruyff. También al Brasil de Pelé. O a la Argentina de Maradona. Pero el placer que arranca Messi y compañía no tiene competencia.
Algunos atrevidos intentan cuestionar la legitimidad de los títulos y el reconocimiento unánime. Por suerte, Barcelona despeja todas las suspicacias cuando la pelota comienza a rodar y las palabras le dan paso al fútbol.
