Cuando los entrenadores salen con fritas

Los dirigentes del fútbol argentino, en su gran mayoría, a esta altura dan risa o indignación. Tanto hablar de proyectos y lo único que les interesa son los resultados inmediatos. Puro chamuyo. Por eso mismo nuestro fútbol está en terapia intensiva y cada vez son menos los entrenadores que se animan a patear el tablero. Si a la primera de cambio, salen con fritas. Como ocurrió recientemente con Cagna -ahora parece que se arrepintieron y su despido quedó en suspenso- y La Volpe en Newell´s y Banfield.

Con este panorama, entonces es lógico que no haya lugar para los Cappa, Basile o Menotti en nuestro ámbito. Se los tilda de verseros, antiguos y de que no trabajan. Sin embargo, son los únicos que no negocian su estilo por ir corriendo tras los resultados. Falcioni es el ganador ahora. Pero en el torneo anterior, allá por la séptima fecha estuvieron los dirigentes a un paso de echarlo de Boca porque no conseguía resultados. Y tenía la sombra de Bianchi revoloteándole. Recién con un invicto de 30 partidos y un título, se la pudo sacar de encima.

Cagna apenas tuvo nueve fechas hasta ahora en Rosario. Es cierto que no ganó, pero Newell´s mereció llevarse los tres puntos en muchas de ellas. Le faltó definición y suerte. La Volpe dirigió 13 fechas a Banfield. Apenas ganó tres partidos, pero en varios su equipo jugó relativamente bien. Dicen que se llevaba mal con los jugadores (algo que ya le pasó en Boca y Vélez) por su fuerte carácter. Los dos -Cagna y La Volpe- asumieron en el medio del incendio y ahora no les dan la posibilidad de armar el equipo a su gusto. Un despropósito.

¿Por qué nunca salen manchados los dirigentes de estas cosas? En Banfield, por ejemplo, ellos fueron a buscar a La Volpe y ahora irían por De Felippe, a quien echaron de Olimpo por ¡la falta de resultados! Parece hasta una broma. ¿Qué evalúan los directivos a la hora de elegir? Difícil saberlo. Recientemente, en San Lorenzo los candidatos eran Madelón, Gallego, Caruso Lombardi y Basile, todos muy distintos. Y así suele pasar en la mayoría de los clubes.

Así pasa en las instituciones, como en la Selección. A Maradona lo echaron por un 4-0 ante Alemania cuando una fecha antes, durante ese mismo Mundial, era indiscutido y se cantaba que “vamos a salir campeones otra vez, como en el 86″. Batista tenía una idea y se apostaba a ese “proyecto”, pero una eliminación en nuestra Copa América marcó su adiós. Y así llegó Sabella, que apuesta partido tras partido. Afuera se defiende con cinco por si araña un empate o si Messi se le ilumina como ante Colombia y canta bingo.

Cuando escucho la palabra proyecto de la boca de los dirigentes argentinos ya sé que me están mintiendo. Y me hace acordar de esa frase que dice que cuando la cabeza está podrida, el resto se contamina. Y nuestro fútbol, lamentablemente, está podrido desde bien arriba….

Nació el 20/01/70 en el barrio de Boedo. Se recibió de periodista deportivo en 1998 en el Círculo de La Prensa. Entre 1996 y 1998 ya colaboraba con notas en revistas barriales de Boedo. Desde 1998 es el coordinador de prensa de la Fundación Joven 2000, ONG que tiene su sede en el barrio de Palermo. Desde mayo de 1998 a enero del 2000 fue cronista de Deportes en el diario La Razón. Desde marzo del 2000 hasta noviembre del 2004 fue redactor de Deportes en Terra Networks Argentina, el portal de internet. Entre diciembre del 2004 y septiembre del 2007 fue Editor Jefe de Deportes de Terra USA. Y desde octubre del 2007 hasta febrero del 2010 fue Editor Jefe de Deportes de Terra Argentina.
En la actualidad, es colaborador de las revistas Un Caño y Un Camino. Además, es socio en una productora cooperativa que realiza contenidos para TV y radio. Es integrante de la agrupación Colectivo de Trabajadores de Prensa.
Tiene publicados tres cuentos deportivos: “Hinchada hay una sola”, dentro del libro Al ritmo de los punteros de la editorial Al Arco, 2004. “Papá, ¿por qué no viene Cruyff” (Orlando, el holandés), editorial Eloísa Cartonera, 2005 y “Tanta ternura por Borghi y la revolución”, también por Eloísa Cartonera, 2010.