Por estas horas, poco les debe importar a los hinchas de Boca que les hablen de belleza futbolística. Dos superclásicos ganados a River en el verano y campeón invicto del último torneo, son motivos suficientes para festejar. Sin embargo, para los neutrales y que entendemos que esto es un juego más allá de los resultados, ver la escasa ambición por el espectáculo que demuestra el conjunto de Falcioni nos hace demasiado ruido.
Boca tiene plantel, aún sin Riquelme, como para intentar jugar bien al fútbol. Y no dedicarse como ayer a esperar a River para sólo lastimarlo de contragolpe. Para peor, en el segundo tiempo ni siquiera tuvo una contra. Se abusó de la confianza en su solidez defensiva y en que River pareciera que tuviera un karma cuando enfrenta a su archienemigo. Entonces, hasta Cavenaghi se pierde un gol que a cualquier otro rival se lo hace con facilidad.
El otro día hablaba con un amigo de que en épocas de vacas flacas (como hoy pasa en el fútbol argentino) la mentalidad tiene bastante injerencia en el juego. Y Boca pareciera que sale convencido de que va a ganarle a River como sea. Así como en el tenis, en el máximo nivel, Nadal domina mentalmente a Federer y ahora, Djokovic lo hace con Nadal. Ese plus, entre fuerzas parejas, es el que termina inclinando la balanza.
Esperemos que cuando Boca tenga a todo su material disponible (léase Riquelme, el uruguayo Silva, Cvitanich, Rivero, Clemente) su entrega hacia el espectáculo sea algo más generosa. Nos han convencido tanto de que ganar como sea es lo único que importa, que está mal visto discutir a los ganadores. Y que la única excepción a la regla es el Barcelona. Como si Guardiola manejara un equipo de extraterrestres.
Se hace tanto hincapié en el juego de Boca porque es el campeón y porque tampoco hay ningún equipo que rompa ese molde. Es el mejor del momento. Y es candidato a recuperar la Copa Libertadores para su vitrina. La última vez que la logró tuvo a un Riquelme brillante. Los amantes del buen fútbol esperamos ver a Román en plenitud y que el resto de sus compañeros lo ayuden para así terminar de una vez con todas las habladurías.

