De antemano, aclaro que Marcelo Bielsa me cae muy bien. Respeto a la persona de ética innegociable y a su estilo ofensivo como entrenador. Lo que me suele molestar son sus fundamentalistas. Son más papistas que el Papa. Ellos creen que Bielsa es el técnico perfecto y no le encuentran errores. Ahora que el Loco está haciendo un campañón con el Athletic Bilbao vuelven a inflar el pecho. Y ni me quiero imaginar lo que sería si los vascos le llegan a ganar la final de la Copa del Rey al Barcelona (los dos están bien encaminados rumbo a ese choque).
Bielsa tiene algo fundamental a su favor: uno observa un equipo suyo y sabe que estilo mostrará. Va a atacar así tenga enfrenta al Real Madrid o al Barcelona. Ya lo demostró ante ambos. Si bien el Bilbao cayó 4-1 en Madrid, en el primer tiempo fue superior al Real de las estrellas y se perdieron varias chances claras de irse ganando al vestuario. Y el Barca de Guardiola apenas le igualó sobre la hora con un gol de Messi en otro partidazo.
Ahí radica el mayor mérito de Bielsa. Demostró que en equipos sin estrellas (como también lo era la Selección de Chile) no negocia sus convicciones. Convence a sus dirigidos de que pueden jugar igual en cualquier cancha. Después de empatar 3-3 ayer ante el Espanyol un partido que iba ganando, Bielsa declaró que “entiendo que no hay mejor forma de defenderse que obligar al rival a que se adapte a un equipo que a pesar de que va ganando, sigue atacando”. Fenomenal. Ojalá esa frase la pusieran en práctica todos los entrenadores. La mayoría lo contradice al adoptar eso de que “los partidos que vas ganando hay que cerrarlos”. Y entonces meten jugadores para defender esa ventaja.
El rosarino es humilde y sobre todo, para nada demagógico. Lo incomodan los elogios desmesurados que le brindan sus fundamentalistas. Como cuando le dijo a un periodista chileno que prefería no responder a una pregunta que lo alababa porque era “una invitación a la demagogia”. O a otro que quiso comparar el cariño de Bielsa hacia Newell’s con la Roja de Chile: “tengo la antipática necesidad de ser sincero. Difícilmente quiera a una camiseta más que a la de Newell’s”.
Lo que no comparto con Bielsa es que siempre pone al esquema por encima de los jugadores. Quizás exagero, pero si tuviera a dos Messi en su plantel, hasta dejaría a uno en el banco si es que le complica su táctica. En la Selección se equivocó cuando se enamoró de Verón como enganche o cuando defendía con línea de tres mentirosa, que en realidad era de cinco. Así y todo me gustaría verlo ahora en la Selección con un plantel que cuenta con Messi, Aguero, Higuaín, Pastore y Di María. Estoy seguro que pondría a cuatro de estos cinco de titulares. Un enganche y tres puntas. Como su Chile.
Para aquellos que no pueden encontrar nada malo en Bielsa (“las viudas”, según Borghi), les refresco otra de sus frases memorables: “como todos, pierdo mucho más de lo que gano. Entonces esa identificación del ganador de turno con los valores es una trampa, una gran trampa”. O sea, no sean más bielsistas que Bielsa. No caigan en esa trampa.

