En esta temporada venía escuchando, de aquellos que le encantan analizar al fútbol sólo por los resultados, que el trabajo del entrenador José Mourinho estaba achicando las distancias entre el Real Madrid y Barcelona. Algo difícil de comprobar hasta que se vieran las caras. Pero como el Madrid le había sacado una cabeza en la liga y venía intratable en la Champions League, esa supremacía parecía jaqueada. Nada más falso. Y el Barcelona derribó de un saque tanto palabrerío en el clásico.
Y eso que las cosas venían ideales para Mourinho. Un gol a los 20 segundos tras error del arquero Valdés ante la presión rival de movida. Uno a cero, en casa, y con el contragolpe a disposición. Hasta Rafa Nadal se relamía en el palco. Sin embargo, de a poco apareció la diferencia entre un gran equipo y otro apenas bueno. Como siempre, la posesión de la pelota y el culto al toque. Casillas se lo tapa a Messi en un mano a mano, pero Lío ya se había cargado el equipo al hombro. Y enseguida su slalom habitual entre tres rivales, asistencia perfecta a Alexis Sánchez y golazo del chileno.
El quiebre fue ahí. Un equipo que se sabe superior y que no se traiciona nunca. Otro que se siente inferior y le prende velas a Cristiano Ronaldo, pero como suele suceder, el portugués no brilla en los clásicos. No voy a discutir a Ronaldo, pero es un tipo que le hace de a tres al Málaga, al Albacete o al Getafe, pero le cuesta mucho convertirle al Barcelona. En cambio, Messi en 15 partidos le hizo 13 goles al Madrid.
¿Cuál será la fórmula para ganarle a Barcelona y además superarlo en el juego? Pareciera que nadie la tiene y eso es algo que le debe doler en lo más profundo de su ego a Mourinho. Cuando llegó al Barsa, el holandés Johan Cruyff hizo hincapié en que el buen juego se inicia en el mediocampo. Así, le dio pista al Guardiola jugador. Ahora el Pep tiene a Iniesta, Xavi y encima le sumó a Cesc Fabregas. Todos saben, juegan, corren, presionan y hasta llegan al gol. Del otro lado estaban como doble cinco Lass Diarra y Xabi Alonso, que sabe con la pelota, pero cuando enfrenta al Barcelona se transforma en un obrero golpeador. Entonces, difícil que el chancho chifle.
Y aunque el Real Madrid tenga a un jugador de categoría como el alemán Ozil, éste queda muy solo como para imponerle condiciones al trío catalán. Lo de Di María y Cristiano son el vértigo y la habilidad por los extremos, pero no se meten en la lucha por la posesión del balón. Y sin quitarle la pelota para luego atacarlo, nadie podrá con el Barcelona. Kaká recién entró en el segundo tiempo y ya con el resultado adverso. Cuando el Barcelona era el puto amo, parafraseando a Guardiola en su disputa dialéctica con Mourinho.
El portugués es de esos entrenadores que pareciera que sempre pierden sus jugadores y él nunca. Recuerdo que parecía que había ganado Mourinho cuando el Inter (de manera vergonzoza) lo eliminó en el Nou Camp por la Champions hace un tiempito. Ayer, justificó la derrota excusándose en la suerte que tuvo el rival. Sí, tiene razón Mou, la suerte de tener un técnico que pone en cancha a Messi, Iniesta, Xavi y Fabregas para dar clase de fútbol en cualquier escenario. Hasta en el mismísimo Santiago Bernabeu.


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