Lamentablemente, me puedo jactar de que en el post anterior (esperen a que gire el módulo principal para comprobarlo o los ansiosos/as vayan directo a la flechita) previne los inconvenientes que tendría la Selección Argentina para generar buen fútbol con los intérpretes elegidos por el Checho Batista. En cambio, como a la mayoría de los futboleros, me sorprendió que así y todo, con los jugadores que había en cancha, no se le pudiera ganar a esta Bolivia que sólo vino con la premisa de defenderse para evitar una goleada.
¿Es que alguien dudaba de que entre las marcadas diferencias de jerarquía de los planteles, Argentina debía imponerse con holgura? ¿Hace falta que deba hacer el detalle de adónde juegan o como rinden los nuestros en los grandes clubes europeos en contraposición con sus colegas bolivianos? Entonces, la frustración lleva a cargar la mochila del entrenador. Y eso que gracias a esa magistral atajada de Sergio Romero a Moreno Martins en el tú a tú, se evitó lo que seguramente hubiera sido la derrota. Porque sino ya imaginaba el chiste de ese genial actor que es Diego Capusotto pero cambiado diciendo “2-1 ante Bolivia de local, renuncie Montonero”.
No es que la cuestión sea caerle a Batista por que sí. Es más, tiene un gran mérito el Checho: es bastante difícil hacer jugar mal a un equipo que tiene a Messi, Tevez, Lavezzi, Banega, Cambiasso, Gaby Milito, y Mascherano. Encima, cuando mueve el banco entran nada menos que Aguero y Di María. Y lo que es peor, deja congelarse a su lado a tipos como Pastore -¿cómo habrá que pedirlo para que tenga su chance?, Higuaín, Diego Milito o Gago en esa cámara frigórifica que dicen, los que estuvieron, que fue el estadio platense.
Sin embargo, si la mayoría de los futbolistas hubieran tenido una buena noche (porque insisto en que los entrenadores tienen una responsabilidad menor), Batista zafaba de ser hoy el centro de los cuestionamientos. Y pese a que la idea general todavía me seduce, cuando insiste con ciertas actitudes me cuesta demasiado no pensar que el problema está de su lado. Duele ver a Tevez de puntero izquierdo y después de 9 de área a esperar centros. Irrita tener a Banega de “conductor”, como lo dice el propio Batista. Da lástima observar a Messi obligado a veces a bajar hasta la medialuna propia para arrancar la jugada (hubo una que empezó eludiendo desde ahí a dos rivales en el arranque del complemento). Y no extraña tanto que Cambiasso esté perdido en una posición que sólo le sienta bien en un fútbol tan avaro como el italiano.
Terminar con esta clase de jugadores en un “a la carga Barracas” con Burdisso en el área rival haciendo de su pecho un inesperado colchón para que Aguero clave su golazo, da pena. Y también el propio Kun incluso pudo hacerlo ganar en una de sus definiciones típicas de tres dedos que le tapó bien el arquero. Eso hubiera sido la peor engaña pichanga. Esta farsa (no falsa) actuación de querer imitar a España o al Barcelona (también el técnico en eso es esclavo de sus palabras) con material tan diferente parece utópico. Es como si yo quisiera parecerme a Brad Pitt y no tuviera la inteligencia de ponerme una careta con la imagen del carilindo actor en su look de la película Leyendas de Pasión, para disfrazar al menos mi objetivo.

