¿Ahora sí se pondrá linda la cosa? Como manda la historia en Sudamerica, Argentina, Uruguay y Brasil pusieron la camiseta y algo de fútbol para dejar en claro que el verso de la igualdad, solo es compatible cuando ellos juegan decididamente mal. Cuando tienen una buena noche, no hay tutía. Los que cuentan con los mejores jugadores desequilibran, pese a que sus técnicos se encargan de complicarse ellos mismos.
Lo que me cuesta entender es por qué en general los argentinos que tanto aman al fútbol querían que fuera eliminado Brasil. Obvio que es el archirrival (un enemigo, para esos enfermos resultadistas), hasta acepto eso del folklore del fútbol y demás paparruchadas. A los hinchas que fueron al estadio en Córdoba los puedo entender un poco más, porque se ponen a favor del más débil y querían gozar con la desgracia ajena en la misma cara. Ojo, pasa lo mismo en Brasil (y eso que ellos tienen 5 mundiales adentro) cuando la que juega es Argentina.
¿Cómo se justifica esa contradicción de los que elogian un estilo de juego, pero anoche querían que gane Ecuador? Hay muchos periodistas y amigos que les encanta el histórico jogo bonito de Brasil y paradójicamente, quieren verlo morder el polvo de la derrota. Si viene de tipos como Niembro, Araujo y el séquito de resultadistas a ultranza, no me extrañaría.
Supe por mi mejor amiga -ella vivía en 1994 en Río de Janeiro- que cuando a Maradona le saltó el dóping en el mundial yanqui hubo festejos hasta en las calles. Era el alivio porque había abdicado el rey que los venía amargando tupido. Y pasa en todos los mundiales. En el último de Sudáfrica, acá se festejó el 2-1 holandés y allá el 4-0 alemán.
Siempre fue admirador del jogo bonito brasileño. Desde el 82 con ese equipazo de Zico, Sócrates, Falcao, Toninho Cerezo, Junior y Eder. Fue por afano el mejor de ese mundial en España, aunque cayó en la trampa del contragolpe del campeón Italia. O el del 86 (al que se sumó Careca) que marchó en los penales tras un partidazo ante la generación brillante de Francia con Platini, Giresse, Tigana, Six, Rocheteau (esa fue superior a la que salió campeona con Zidane, Henry, Trezeguet y Pires). En cambio, no me gustó el Brasil del 90 (pese al baile donde nos salvo la suerte y la dupla Diego-Caniggia) y el campeón del 94 cuando cambió su estilo para intentar levantar la Copa que se le negaba desde la época de Pelé, Tostao, Rivelinho, Gerson y Jairzinho.
Ahora Brasil está saliendo de la garra pragmática de Dunga y con Menezes está a mitad de camino del regreso a las fuentes. Al menos se anima a atacar con Ganso, Robinho, Neymar y Pato. Y como amante del buen fútbol me gustaría que se cruce con la Argentina en la final. Algo que veo nuevamente muy probable. Y que una tercera final consecutiva sea la vencida. Pero que la ficha caiga porque Messi, Gago, Aguero, Di María e Higuaín (ojalá Pastore) superen en volumen de juego y goles a sus rivales. En el 2003 y 2007 con Bielsa y Basile en el banco fue injusto que festeje Brasil, porque el verdadero espectáculo durante todo el torneo lo había dado Argentina.

